domingo, 21 de febrero de 2010

Hoy me han invitado a un chocolate caliente. Si mal no recuerdo, ya te he hablado de mi teoría sobre los hombres que invitan a chocolate una tarde de domingo no? Son los mejores, atentos, sensibles, viriles…no como esos hombres estresados y vividores que invitan a café, ni como los que te invitan a un té, que todavía viven con su madre, y llevan jerseys tejidos por ella. Mucho peores los que te invitan a una copa así, a media tarde. Esos solo quieren sexo. Los hombres que te invitan a un chocolate caliente son los mejores. Los hombres perfectos. Ni que decir tiene que no acepté. Hubiera preferido cualquiera de los anteriores, pero.. el perfecto?No, gracias. No me gustan las cosas perfectas. Como las flores, por ejemplo, o las personas que sonríen mucho. Dan miedo. Las primeras te miran con esos colores tan vivos y con esos pétalos tan suaves…te hacen sonreír, como diciendo.. si, tu ríete, que en dos segundos vas a estornudar.
Las segundas son simplemente espeluznantes. Sonríen y sonríen, son todo simpatía, amabilidad…cuando una persona me sonríe demasiado temo que aparezca a la mañana siguiente en mi puerta con un cuchillo, o peor, con una tarjeta que ponga en letras bien grandes HACIENDA. Espeluznante.


A mi lo que verdaderamente me gusta son las cosas imperfectas. Como tu ceja izquierda, ligeramente despeinada. O ese bultito que tienes en el cuello formado a base de notas y canciones. Esas cartas imperfectas que me escribes en las ocasiones especiales, y los borrones que causas al echarles colonia. Me encantan esos días casi perfectos ( y digo CASI perfectos) que pasamos en tu casa, acurrucados bajo la manta hasta que llega tu padre y tenemos que salir corriendo. Me gusta la manera en que miras cuando digo alguna tontería, y la manera en que te ríes de algo que solo pasa en tu cabeza. Contigo me convierto en una de esas personas que sonríen todo el día. Y eso es perfecto.

Sabes? Creo que me empiezan a gustar las cosas perfectas…

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